Desigualdad educativa en verano

Ahora que empieza el curso escolar hemos de tener en cuenta que el verano no ha sido igual para todos los niños y niñas. Las vacaciones de verano generan desigualdad, como dice Carles Barba Boada en este artículo publicado originalmente en catalán en diari Ara, el 27 de juny de 2016

Desigualdad educativa en verano

Llega el verano, y con esta estación un largo período de vacaciones escolares que afecta Carlesdirectamente un millón y medio de niños y adolescentes de nuestro país y la práctica totalidad de la vida de las familias.

Doce semanas, tres meses, una cuarta parte del año. Un 25% del tiempo de la vida de los hombres y mujeres. Un simple dato cualitativo nos informa de la magnitud de la cuestión y de la importancia de definir qué hacer y en qué condiciones han de vivir los niños y adolescentes este tiempo no escolar.

El verano, un tiempo de desigualdades y segregación.

La realidad es que habrá muchos veranos diferentes, radicalmente desiguales, en función de los presupuestos y de los contextos socioculturales de cada familia.

Una parte de los niños se irán de colonias en el mes de julio, harán una estancia en el extranjero, conocerán lugares y lenguas diferentes o harán actividades artísticas. Estarán atendidos por monitores formados que velarán por su buen desarrollo personal. Después, en agosto, disfrutarán de las vacaciones con sus padres, en un ambiente sano y estimulante, el medio natural y lejos de la ciudad.

Habrá, sin embargo, otros veranos, los de aquellos hombres y mujeres que no tendrán vacaciones ni una semana, que se quedarán en julio y en agosto en la ciudad. Pasarán las tardes y las noches sin poder disfrutar de ninguna propuesta estimulante; más bien irán sobreviviendo en verano en un entorno más bien adverso y sin actividades educativas ni referentes positivos.

Los factores socioeconómicos condicionan el acceso a unas actividades que hoy vienen reguladas por el mercado y sobre las que las políticas públicas intervienen de manera secundaria.

La escuela, poco o mucho, iguala las oportunidades educativas, ya que la universalidad y la gratuidad están garantizadas para todos los niños hasta los dieciséis años. Esto es así y la investigación lo confirma, particularmente hasta los doce años. Es en el tiempo de ocio y en especial a las vacaciones de verano cuando se producen y se amplifican las desigualdades.

El valor y la calidad educativa en el tiempo libre.

La comunidad educativa, los expertos y el mundo de la investigación coinciden en que muchos aprendizajes significativos, la adquisición de determinadas competencias, la educación de valores y, incluso, el acceso a los conocimientos se producen fuera de las aulas, en el tiempo no lectivo de los niños y los adolescentes.

Sin embargo, esto se produce de manera desigual. Algunos autores, como César Coll, aseguran incluso que es en el ocio donde se está produciendo cada vez más la “privatización” de la “personalización educativa”, en el sentido de que sólo pueden acceder a determinadas oportunidades educativas algunos segmentos de la población.

La paradoja de la política educativa centrada en la escuela.

La paradoja es que, a pesar de que sabemos todo esto, las políticas públicas educativas siguen centradas prácticamente en exclusiva en la escuela y durante el tiempo lectivo del curso escolar. De hecho, el antiguo departamento de Educación pasó a llamarse departamento de Enseñanza, se suprimieron todas las dotaciones para actividades extraescolares y de centros de verano y se decidió cerrar los institutos públicos a las tres sin dar respuesta a lo que ocurría en la vida de los adolescentes en las tardes. A las puertas del verano, la responsabilidad pública queda delegada a partir de San Juan en las familias y sus circunstancias.

Incorporar el ocio al debate de la transformación educativa.

Cataluña vive con intensidad el debate sobre la transformación educativa desde muchos ámbitos y perspectivas. Los objetivos que persiguen las propuestas de cambio disruptivo hablan de avanzar al mismo tiempo en calidad y equidad, de transversalidades y de itinerarios de personalización, de superar muros entre el ámbito lectivo y el no lectivo, de abrir la escuela a la entorno, de trabajar con equipos de maestros y profesionales diversos, de implicar padres y madres en el proceso educativo. Hablan sobre todo de situar los niños y adolescentes en el centro y como protagonistas de su proceso educativo.

¿Podemos abordar el debate educativo obviando una cuarta parte del calendario anual de los niños y de una significación tan grande como el verano? Si queremos tener éxito en el reto de la transformación educativa necesitamos atender todos los tiempos educativos de los niños. Si queremos ganar la batalla de la equidad y la igualdad de oportunidades, habrá que incorporar en la agenda educativa de nuestro país la cuestión de las vacaciones escolares, ver cómo garantizamos un ocio educativo para todos los niños y que las oportunidades educativas a verano estén al alcance de todos.

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